Esa fue la respuesta que en tres ocasiones me dio el médico de familia de mi padre, por entonces mi madre estaba en pleno tratamiento de quimioterapia y mi padre empezó a tropezarse cada dos por tres y caer al suelo y a la misma vez le empezó a temblar la barbilla. Se lo dije a su médico varias veces y siempre la respuesta era la misma "es estrés por la enfermedad de tu madre", pues no, no señor mío no era estrés, era parkinson.
A los cuatro años de morir mi madre me fui a vivir a un pueblo del Pirineo y al cabo de unos meses me llevé a mi padre conmigo, en la primera visita con el nuevo médico del CAP éste nos derivó al neurólogo y el neurólogo sin dudar sentenció "es parkinson" y a partir de ese día empezó el tratamiento específico pero habíamos perdido 7 años. El parkinson es una enfermedad terrible, te va deteriorando poco a poco, lentamente, y en muchos caso el enfermo no llega a tener demencia, así que es plenamente consciente de todo lo que le va pasando. Mi padre fue consciente, todo el tiempo, y fue terrible para él y para mí. Estas enfermedades degenerativas te enseñan a valorar lo importante que es valerte por tí mismo, poder ir al baño, poder caminar, poder comer solo, y lo importante que es que la persona que lo padece pueda hasta cuando se pueda, valerse por sí misma, comer sola aunque se manche, ir al baño aunque sea con andador o con ayuda, se le puede ir facilitando las cosas, pero es importante para él que lo haga solo, ya llegará el momento en que no podrá.
Son enfermedades terribles pero crean un vínculo cuidador-enfermo muy muy estrecho. Desaparece la vergüenza y la timidez porque tienes que bañarle, cambiarle, darle de comer, pero en cambio vives muy intensamente todos los momentos, es tan importante reír, hablar, y lo más importante decirle a esa persona lo mucho que la quieres. No tiene que quedar nada por decir, eso es lo más importante y hay suficiente tiempo para hacerlo.
Mi padre no se quejó nunca, sólamente al final porque tenía muchos dolores de espalda a causa de la pérdida de masa muscular, en ese sentido fue muy fácil de cuidar, pero no hay que negar que los esfuerzos físicos son brutales y más con una persona que tiene un peso de 94 kg y el desgaste emocional es enorme, es tu padre y te duele en el alma verle así.
Mi consejo para cuidar a estos enfermos es pedir consejo, es decir, pedir ayuda cuando algo no se sepa, yo no sabía que existían cojines especiales para las escaras y me lo dijo su enfermera, al igual que me informé sobre las grúas, sobre camas articuladas y sobre todo lo que pudiera facilitarme la tarea y hacerle a él más cómoda su enfermedad. Ahora hay un montón de cosas para ese fin pero yo aconsejo primero contactar con gente que hayan cuidado a familiares con este tipo de enfermedades porque muchos tienen en casa sillas de ruedas, grúas, cojines, banquetas para la ducha y no hace falta comprarlos nuevos, se puede comprar de segunda mano mucho mejor de precio.
Igualmente si tenéis alguna duda aquí estoy e intentaré daros respuesta. Pero repito que nada os impida pedir ayuda es muy importante no sentirse solo como importante es cuidarse si no no podemos cuidar pero eso lo explicaré en otro post.
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