martes, 4 de febrero de 2014
Primer diágnostico: cáncer.
Estábamos sentados a la mesa, yo tenía entonces 24 años, aún iba a la facultad, a clases presenciales, luego me pasé a la UNED, noté que algo pasaba y al final mi madre confesó: "he ido al ginecólogo porque tengo un bultito en el pecho, ahora tienen que hacerme pruebas, no queríamos asustarte" Ays, mis padres, siempre tan protectores, a partir de ese momento los acompañé a todos los médicos, menos los que eran por la tarde porque trabajaba. El proceso fue rápido, se confirmó que era un cáncer de mama, y enseguida la operaron, no tuvieron que hacerle mastectomía, simplemente extirparon el tumor y listo. Empezó con la quimioterapia y todo fue muy bien, se sometió también a un tratamiento de medicina nuclear para eliminar todo rastro de cáncer, y ella volvió a encontrarse bien y ser la de antes, ni se le cayó el pelo, y menos alguna náusea algún día concreto, nada más. Pasaba todas las revisiones y todo bien, hasta que un día se cayó en la escalera, estaba fregando, resbaló y se dio con un escalón en la zona lumbar. Como el dolor no remitía fue al médico que dados sus antecedentes pidió pruebas más específicas, así me enteré de lo que era una gammagrafía ósea, una prueba que consiste en que te inyectan un contraste y a las tres horas te hacen una especie de resonancia de todo el cuerpo donde sale todo el esqueleto destacado por el contraste y donde desgraciadamente aparecieron células cancerígenas. Recuerdo perfectamente aquella gammagrafía como si fuese una foto de esas que guardas en tu mente pero no con cariño si no para mal, aparecían células cancerígenas en las muñecas, en la zona lumbar y en el cráneo, en la parte frontal. El oncólogo dijo que probaríamos una quimioterapia en pastillas, además de pastillas para el dolor, morfina, en dosis muy pequeñas. Imaginaos si le hacía efecto la morfina que un día se cayó y se rompió la clavícula y decía que no le dolía nada, al llegar al hospital una enfermera me dijo que era imposible que se hubiera roto la clavícula y no sintiera dolor, yo le insistí en que tomaba una medicación muy fuerte, pero hasta que no vio la radiografía no se dio cuenta de que no le mentíamos. A partir de ese momento la enfermedad se volvió más agresiva, mi madre fue perdiendo progresivamente peso, fue perdiendo la capacidad de moverse, fue perdiendo la capacidad mental, empezó con una pequeña demencia y al final dejó de hablar. Un año antes yo había planeado mi boda para el año siguiente, teníamos fecha, y estábamos preparándolo todo, cuando vi como avanzaba la enfermedad fuimos a ver al oncólogo, sus palabras fueron "olvídate de boda de momento, como mucho a tu madre le quedan tres meses de vida", yo insistí en que la adelantaría, y él me dijo que lo olvidara, qué razón tenía, la adelanté de octubre a julio, sólo nos faltaban quince días desde aquella visita al médico, mi madre murió el 30 de junio y yo volví a aplazar la boda hasta octubre. No estuvo en mi boda pero pudo ver como estaba quedando el piso cuando aún podía caminar y me vió vestida de novia, porque me vestí para ella. No estuvo presente pero estuvo en mi corazón y lo está siempre.
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